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Sunday, September 08, 2013

¿Cómo 'escribir' arquitectura?


Compartimos fragmento del texto de Raymond Carver "Escribir un cuento" en el cual comenta sobre las dificultades y replanteos q implican al hecho creativo, en su caso, literatura.

En este sentido encontramos vasos comunicantes entre estas experiencias relatadas por Carver y aquellas q imaginamos suceden en esta instancia del ejercicio: 
Cómo las intuiciones iniciales van develando anclajes más profundos donde sustentar los primeros ensayos de producción. 
Entre sus consideraciones hallamos muy pertinente el pasaje donde plantea la importancia de entender y 'creer' en esas simientes proyectuales, como las semillas q comienzan a arraigarse tanto en el paisaje real como en la construcción de sentido, esos elementos q entendemos fundamentales a nuestra consideración de QUÉ ES LA ARQUITECTURA.
En especial respecto cómo, siguiendo estas intuiciones germinales e intentando comprenderlas y producir  en consecuencia (poniendo énfasis en asunto de PRODUCIR), se logra articular sentido, pertenencia y espacialidad sustentados en esas latencias detectadas; y ahora materializadas/develadas en un lenguaje propio; de cada uno de uds; una construcción poética producto de las lecturas y entendimientos -entre subjetividades y coherencias- q  les motiven en esta articulación q transforma intuiciones en lenguaje tectónico.

"(...)En un ensayo titulado Writing Short Stories, Flannery O’Connor habla de la escritura como de un acto de descubrimiento. Dice O’Connor que ella, muy a menudo, no sabe a dónde va cuando se sienta a escribir una historia, un cuento... Dice que se ve asaltada por la duda de que los escritores sepan realmente a dónde van cuando inician la redacción de un texto. (...)
Cuando leí esto hace unos cuantos años, me chocó el que alguien pudiera escribir de esa manera. Me pereció descorazonador, acaso un secreto, y creí que jamás sería capaz de hacer algo semejante. Aunque algo me decía que aquel era el camino ineludible para llegar al cuento. Me recuerdo leyendo una y otra vez el ejemplo de O’Connor.

Al fin tomé asiento y me puse a escribir una historia muy bonita, de la que su primera frase me dio la pauta a seguir. Durante días y más días, sin embargo, pensé mucho en esa frase: Él pasaba la aspiradora cuando sonó el teléfono. Sabía que la historia se encontraba allí, que de esas palabras brotaba su esencia. Sentí hasta los huesos que a partir de ese comienzo podría crecer, hacerse el cuento, si le dedicaba el tiempo necesario. Y encontré ese tiempo un buen día, a razón de doce o quince horas de trabajo. Después de la primera frase, de esa primera frase escrita una buena mañana, brotaron otras frases complementarias para complementarla.

Puedo decir que escribí el relato como si escribiera un poema: una línea; y otra debajo; y otra más. Maravillosamente pronto vi la historia y supe que era mía, la única por la que había esperado ponerme a escribir.

Me gusta hacerlo así cuando siento que una nueva historia me amenaza. Y siento que de esa propia amenaza puede surgir el texto. En ella se contiene la tensión, el sentimiento de que algo va a ocurrir, la certeza de que las cosas están como dormidas y prestas a despertar; e incluso la sensación de que no puede surgir de ello una historia. Pues esa tensión es parte fundamental de la historia, en tanto que las palabras convenientemente unidas pueden irla develando, cobrando forma en el cuento. Y también son importantes las cosas que dejamos fuera, pues aún desechándolas siguen implícitas en la narración, en ese espacio bruñido (y a veces fragmentario e inestable) que es sustrato de todas las cosas.

La definición que da V.S. Pritcher del cuento como “algo vislumbrado con el rabillo del ojo”, otorga a la mirada furtiva categoría de integrante del cuento. Primero es la mirada. Luego esa mirada ilumina un instante susceptible de ser narrado. Y de ahí se derivan las consecuencias y significados. Por ello deberá el cuentista sopesar detenidamente cada una de sus miradas y valores en su propio poder descriptivo. Así podrá aplicar su inteligencia, y su lenguaje literario (su talento), al propio sentido de la proporción, de la medida de las cosas: cómo son y cómo las ve el escritor; de qué manera diferente a las de los más las contempla. Ello precisa de un lenguaje claro y concreto; de un lenguaje para la descripción viva y en detalle que arroje la luz más necesaria al cuento que ofrecemos al lector. Esos detalles requieren, para concretarse y alcanzar un significado, un lenguaje preciso, el más preciso que pueda hallarse. Las palabras serán todo lo precisas que necesite un tono más llano, pues así podrán contener algo. Lo cual significa que, usadas correctamente, pueden hacer sonar todas las notas, manifestar todos los registros."

Esperamos q les resulte útil en el descubrimiento y entendimiento de los pasos q estamos desandando y, prospectivamente, imaginar los próximos.