El desierto de cemento
y los infinitos caminos de hierro
se mezclan con los extraños
sonidos de la velocidad.
Miles de líneas
se desprenden de un punto,
y un gran esqueleto metálico
se arma.
Las estructuras buscan
penetrar los muros;
y los muros necesitan
liberarlas.
La masa se afirma,
y el vacío juega
dentro de su alma.
El punto, la masa, el vacío...
Lo público casi en exceso,
y lo privado
bien resguardado.
Lo rítmico
casi monótono,
y un módulo
que se va trasladando.
Lo murario
casi un contorno,
y las aberturas
lo van delineando.
Lo público, lo rítmico,
lo murario....
Lo exagerado y gris
de lo indudablemente
urbano.
Sol Iglesias
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